EL ECONOMISTA
Naciones Unidas fijó este año el tema “Sin Contaminación Plástica”. Cada año se producen más de 430 millones de toneladas de plástico, y una gran parte termina como residuo tras un solo uso. El problema no es sólo la cantidad, sino cómo lo consumimos y, sobre todo, cómo lo descartamos, uno de los principales focos está en los océanos.
El Día Mundial del Medio Ambiente fue creado para reflexionar sobre cómo construir un futuro sostenible para todos. Impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y celebrado anualmente desde 1973, se ha convertido en la mayor plataforma global de divulgación ambiental para presentar además de los problemas, soluciones reales a nivel mundial.
Este 2025 se hace un llamado específicamente para hablar sobre la contaminación por plásticos. Cada año se producen más de 430 millones de toneladas de plástico, y una gran parte termina como residuo tras un solo uso. El problema no es sólo la cantidad, sino cómo lo consumimos y, sobre todo, cómo lo descartamos, uno de los principales focos está en los océanos. Cada año se vierten millones de toneladas de plástico en los océanos, degradándose en microplásticos y generando un problema de contaminación persistente.
Esta fecha –5 de junio– nos invita a abordar el problema no sólo desde la prohibición o la alarma, sino desde la educación, el análisis crítico y la búsqueda de alternativas sostenibles, para ello han sido clave muchos avances científicos e innovación tecnológica.
La desalinización de agua
Hay que explicar que la desalinización elimina la sal del agua de mar, pero también puede eliminar microplásticos, aunque la eficiencia varía, esta respuesta entonces atacaba diversos problemas medioambientales, por un lado el abastecimiento de agua potable, y por otro lado mantener los mares libres de microplásticos.
El proceso de la planta desalinizadora consiste en recolectar el líquido del mar y más tarde purificarlo a través de diversos filtros. Se deja reposar para permitir la separación de los elementos ajenos y más tarde se realiza un proceso de ósmosis inversa, es decir, la separación a presión al llevar el elemento de un punto a otro a través de una membrana semipermeable, separando la sal y otras impurezas del agua. La ósmosis inversa es el método más utilizado para desalinizar agua, ya que consume menos energía que otros métodos y es altamente efectivo.
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